Las personas no cambian así porque sí. No cambian por sí solas.
Cambiamos porque las situaciones a las que nos enfrentamos nos hacen pensar diferente. Nos hacen actuar diferente.
Pero, si tuviera que decir en qué he cambiado, no sabría contestar. Sólo sé que no estoy igual. Ni física, ni psicológica ni emocionalmente.

Me he dado cuenta de que la vida es muy corta. Es jodidamente corta. Y cuando quieres darte cuenta, todo se ha acabado. Por eso, quiero hablar, reír, amar, llorar, comer, jugar, beber, follar. En teoría, VIVIR.
El término Carpe Diem está sobrevalorado. No se puede aplicar a todo. ¡Claro que hay que vivir el momento! Pero, luego hay unas consecuencias detrás. Como me dijo un buen amigo:No vale aplicar el Carpe Diem al sexo. Que sí, que si se folla sin condón es jodidamente placentero.
¿Pero qué ocurre nueve meses después? Te jode la vida, y no puedes seguir carpediemneando. Y no me vale la excusa del aborto. Eso es de cobardes. Eso es de personas que no valoran que ahí hay vida, de personas que no saben afrontar las consecuencias.
Pero joder, hay que vivir. Yo creo que cada uno debe actuar según lo que dicte su conciencia. Ser libre. Ser imperfecto. Ser estúpido. Ser inteligente. Ser auténtico. ¿A quién le importa si a ti te gusta comerte los mocos?
En realidad a nadie le importa; pero es muy fácil criticar, cuando el sujeto no somos nosotros.

